martes, 10 de julio de 2018

PRÓLOGO A GEOPOLÍTICA Y ABORTO DEL DR. JOSÉ ARTURO QUARRACCINO


Por Cristián Rodrigo Iturralde



La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre
Santa Teresa de Calcuta


          Debería resultar singularmente llamativo el hecho de que en un lapso de sólo 20 años, el mundo –y particularmente nuestro país, Argentina- haya sido testigo de tan radical transformación social, invirtiéndose prácticamente todos los paradigmas conocidos y tenidos históricamente como verdades objetivas e inconcusas. Vano será rastrear en las crónicas de la Historia casos análogos –a excepción, claro, de los regimenes totalitarios - de tan dirigidos, radicales, abruptos y entitativos cambios reñidos tan alevosamente con la Ley Natural, la dignidad humana e incluso con la Ciencia (convergentes todos en el odium Christi; a Quien en primer lugar va dirigida la embestida. No hay que olvidarlo).
       Como señala claramente José Quarracino, esta corriente no responde a un devenir casual sino enteramente causal, deliberado, dirigido, producto de maniobras de reingeniería social minuciosamente diseñadas por distintas usinas de pensamiento, forjadas inicialmente por los dueños de las finanzas mundiales y sospechosa e inexplicablemente continuadas y “popularizadas” por organizaciones con apariencia y fraseología marxistas o progresistas, e internacionalmente promovidas y financiadas en forma suculenta (particularmente a través del Foro San Pablo y de la Organización de las Naciones Unidas y sus órganos laderos). Lo objetable y singular del caso –además del carácter subrepticio y forzado de tales políticas– son las irrisorias justificaciones esgrimidas a tal efecto: todas contrarias al más elemental sensus communis, al bien colectivo de la sociedad y al interés nacional. 
           Sin decir “agua va”, casi en un abrir y cerrar de ojos, la tradición y todo valor perenne se han vuelto anatemas. Lo que otrora –y hasta hace muy recientemente– era considerado por el hombre y los Estados como crímenes y desviaciones contranaturales –de consecuencias sociales devastadoras y contrarias al interés nacional y la dignidad humana– pasó lentamente a constituirse, por presión e imposición internacional, en derecho inalienable. A través de un despliegue propagandístico descomunal (solventado por las instituciones sinárquicas) y a partir de la otorgación de jerarquía constitucional a determinados tratados internacionales (ideados por los enemigos históricos de la nacionalidad y la religión), el sinsentido y la pedagogía de la muerte se han impuesto. Hechos ley en tiempo récord y desoyendo el sentir popular, los Estados nacionales asumen ahora como propia la tarea de velar por su consecución y cumplimiento efectivo, creando organismos ad hoc a tal efecto (en Argentina esta función la cumple acabadamente el INADI, el Centro de Estudios Legales y Sociales [CELS], el Centro de Estudios de Estado y Sociedad [CEDES], la Fundación para la Salud del Adolescente [FUSA], etc.). 
         Simultáneo a este devastador proceso se ha orquestado -desde el propio Estado- una campaña de criminalización social de todo aquel que disienta con este Pensamiento Único, siendo pasibles sus díscolos de ser castigados penalmente (cárcel, multas, inhabilitaciones, etc.). Los casos al respecto abundan y son de público conocimiento, motivo por el cual no hemos de mencionarlos aquí. Resulta interesante reparar en que los mismos grupos que hace algunas décadas levantaban las banderas del “prohibido prohibir”, hoy –habiendo logrado el poder- claman por el “prohibido disentir”. Realidad a la que en algún momento hizo expresa alusión George Orwell, desde una de sus obras maestras: Rebelión en la Granja.

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         Indudablemente, de todas las aberraciones propuestas por este Novus Ordo Seculorum o marxismo-progresismo cultural (que ciertamente no excluye a sectores de lo que genéricamente denominaremos ¨derechas¨), la práctica del aborto se encuentra a una escala infinitamente superior de salvajismo, constituyendo el más bestial y vil que recuerden los anales históricos (tal es así que el emperador Nerón queda reducido a un mero novel). Como destaca Quarracino, la promoción del infanticidio a nivel mundial responde al macabro plan del -eufemísticamente llamado- ¨Control poblacional¨, ideado por Henry Kissinger, siguiendo las teorías maltusianas (cuya falsedad ha sido consignada largamente). A estos efectos, el 10 de diciembre de 1974, el Consejo de Seguridad Nacional de EEUU promulgó un documento secreto titulado National Security Study Memorandum 200 (luego conocido como el ¨Informe Kissinger¨), donde alegando que la explosión demográfica constituía una amenaza para la seguridad nacional -y los intereses económicos y geopolíticos estadounidenses-, plantea la necesidad de promover y financiar el filicidio a escala mundial (especialmente en los países categorizados como tercermundistas). Este informe constituye el plan matriz de lo que ha resultado ser la promoción de un verdadero Imperialismo del Holocausto demográfico, que en los últimos años se ha cobrado anualmente la vida de más de 40 millones de seres humanos, según datos oficiales de la División Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Organización de las Naciones Unidas.
         El informe se encuentra disponible al gran público, pero resulta interesante reparar en las distintas estrategias que propone para la consumación del objetivo, insistiendo en la necesidad de utilizar eufemismos y de distorsionar cierta información, para de este modo esconder las motivaciones imperialistas, evitando así el rechazo a priori y masivo de tal disposición entre la población general. Así, entre otras cosas, recomendaba a las agencias del gobierno de EE.UU. no usar el término “control de la natalidad” para no asustar a los políticos, sino expresiones como “planificación familiar” o “paternidad responsable” (actualmente, por ejemplo, se intenta sustituir el término ¨aborto¨ por ¨interrupción del embarazo¨; lo cual es un absurdo semántico, ya que el aborto es un proceso irreversible). Propone a este propósito, en adición a métodos presuntamente preventivos, la implementación masiva de métodos esterilizadores de hombres y de mujeres. No obstante, termina concluyendo de modo taxativo que sin la implementación del aborto, ningún plan de control de la natalidad resulta eficaz. De allí la imperiosa necesidad de legalizarlo, porque constituye “la frutilla del postre” de todo el plan. Para la consumación de este objetivo, Kissinger advierte la necesidad de actuar a través de ONGs y organismos locales de cada país, a cargo –nominalmente- de nativos (a efectos de esconder la procedencia de las normativas). 

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          En casos como los del aborto queda de manifiesto el servilismo de las izquierdas hacia las potencias plutocráticas que claman combatir. La alineación del marxismo en particular y del progresismo en general (cualquiera sea su vertiente) con los objetivos de los poderes financieros internacionales es más que evidente. Pero estas incoherencias propias del marxismo son bien conocidas por todos y no abundaremos ahora en esto. De ello se ocupa sólidamente el autor de este trabajo en el noveno capítulo (Progresistas e izquierdistas ¨nacionales y democráticos¨ al servicio del proyecto de la plutocracia financiera mundial).  
En los doce capítulos y los cuatro apéndices documentales que componen la presente obra -cuya bibliografía consultada y documentación es francamente apabullante- no deja el autor tema sin abordar. Otrosí, da en la tecla al referir el objetivo último de esta política antinatalista y de otras de símil naturaleza: la erección de un gobierno universal regido por una minoría de opulentos maximalistas. Y en rigor, resulta incontestable el hecho de que el mundo se dirige en esta dirección; cuestión que reconocen cada vez más abiertamente los propios organismos que se arrogan la representación mundial, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En esta línea argumentativa, escribe el autor: 
Su proyecto político es el «Nuevo Orden Mundial», es decir, la implantación de un ÚNICO GOBIERNO MUNDIAL, el cual implica la Globalización económica (el mundo como una única unidad productiva), el Debilitamiento de los Estados-Nación y su reemplazo por la soberanía supranacional de una elite de intelectuales y de los banqueros mundiales, el Sincretismo cultural-religioso (una religión cósmica-universal), la ONU como sistema supra-nacional para imponer las políticas sociales, económicas, culturales que permitan el dominio del mundo por parte del Poder Financiero transnacional, y el Holocausto demográfico, indispensable para poder saquear al mundo en paz. 

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          En otro orden de cosas, pero en el mismo sentido, señalemos que existen numerosos motivos para oponerse al aborto, y no solo humanitarios o religiosos, sino incluso políticos, geopolíticos, económicos y socioculturales (cuestión abordada por José Quarracino y que en el pasado trataron concienzudamente hombres como Monseñor Michael Schooyans, y entre nosotros el P. Claudio Sanahuja, entre otros). Cualquier hombre de bien (cualquiera su religión, si la tiene, o filiación política) debería oponerse tajantemente no solo a su legalización sino a la aceptación social de este perverso crimen. Desde el momento que sabemos por la ciencia (a la que cuando conviene recurre el marxismo) que existe vida desde el momento mismo de la concepción, avalar la práctica del aborto es ser participe necesario de un asesinato a sangre fría, agravado por el hecho que la víctima no puede defenderse. Asimismo, la Constitución nacional –y aun el sentido común más elemental- nos dice que la libertad de una persona finaliza cuando comienza la de otra, de modo que aun concediendo que toda mujer pueda hacer de su cuerpo cuanto quiera, esto tiene el límite en su hijo nonato; a quien no tiene el derecho de privar de la vida y de su libertad. 
Parece increíble tener que explicar obviedades como estas…
         El discurso apologista del aborto, lo sabemos bien, además de estar plagado de variopintas falacias (algunas verdaderamente parvularias), es completamente anticientífico. Pero como lo que prima en nuestros tiempos no es justamente la razón sino lo social y políticamente correcto -que hoy es lo contra fáctico y lo contranatural-, se ha sumado a él una pléyade de artistas y opinólogos devenidos en periodistas o sociólogos. Uno de ellos es el inefable Luis Novaresio, escriba que inexplicablemente ha logrado adquirir cierta fama de respetable y ecuánime cuando en realidad, como veremos seguidamente, ha demostrado ser un estalinista de buenos modales (hasta que lo prueban equivocado, claro). Recientemente, a los efectos de discutir con él la apertura del debate parlamentario sobre el aborto en Argentina, Eduardo Feinmann le realizó una entrevista radial que logró bastante repercusión en los medios de comunicación. El conductor del programa (a la sazón acompañado por un médico) refutó con inapelables argumentos cada uno de los frágiles razonamientos de su entrevistado (reducido su discurso a una dialéctica escolar), dejando el debate zanjado de modo definitivo y a Novaresio pataleando e inmerso en su fanatismo irreflexivo. Pero lo que me dejó francamente perplejo fue otra cosa. En una parte de la conversación, Feinmann recuerda a Novaresio la evidencia científica que prueba la existencia de vida humana desde el momento de la concepción. ¿Qué responde este último? ¨Bueno, pero no hay certeza absoluta de eso, ya que algunos estudios dicen lo contrario¨. Fue toda una definición; representativa del derecho humanismo marxista: SI TENÉS DUDA, NO LO DUDES: MATÁ. (Cosas de mandinga…).

          El pensador conservador Edmund Burke dijo alguna vez que “para que triunfe el mal sólo es necesario que los buenos no hagan nada”, y no se equivocaba. Dios siempre ha regalado a nuestra querida y sufrida Argentina un puñado de viriles y decididos varones para defender su buen nombre y dar el ¨buen combate¨ (y uno de ellos es el autor de este libro). Pero la urgente necesidad de la hora obliga a los patriotas a redoblar esfuerzos y recordar siempre aquella máxima sanmartiniana hoy por muchos olvidada:
 Cuando la patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla.


Cristián Rodrigo Iturralde
2 de abril de 2018
Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas



martes, 15 de mayo de 2018

SOBRE EL PERÓN BUENO Y REGENERADO DEL 73´
(y su presunto rompimiento con Montoneros)


Por Cristián Rodrigo Iturralde


          Mucho se ha dicho y escrito sobre este asunto, aunque casi siempre en un único sentido. Al parecer, y según esta opinión generalizada, el Perón que retorna a la Argentina luego del exilio habría sido uno conciliador, arrepentido de sus pecados juveniles y dispuesto a anteponer la patria sobre su figura e intereses personales. Su tono aparentemente mesurado, alejado de rimbombantes invectivas, sumado a alguna foto pour la galerie –como aquella con Balbín- y un eslogan de ocasión devenido prontamente en adagio (¨Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino¨), terminarán por convencer de aquello a quienes resentían la sistemática dialéctica confrontativa del líder populista. Empero, el sector conformado por el llamado peronismo nacional u ortodoxo reclamaba mayores gestos para ratificar su adhesión a un movimiento que parecía enteramente copado por el marxismo revolucionario, y para ellos ensayó Perón el desaire a Montoneros en Plaza de Mayo y alguna crítica de ocasión a su paje Héctor Cámpora. 
          Así las cosas, al parecer, todo quedaba olvidado y disculpado… y todos felices. Jubiloso el peronismo ¨ortodoxo¨, porque finalmente, por primera vez en 20 años, habían logrado sacar de su líder algún enfado circunstancial contra los entristas marxistas; exultantes los demócratas, porque aquel que había llamado a sembrar la guerra civil y atacar las instituciones republicanas venía ahora como pacificador (el incendiario venía a apagar el incendio); y por supuesto, alborozadas y festivas las izquierdas todas por el vital apoyo brindado por éste y por lo que vendría. Al parecer, la Argentina era una fiesta… Después de tantos años, finalmente la nación recuperaría su destino histórico de grandeza y a su más encumbrado caudillo, que por entonces contaba con 78 años de edad. Este era un Perón mejorado, reconvertido a la buena causa, como asegura el ¨ecuánime¨ Juan Bautista ¨Tata¨ Yofre y unos cuantos panegiristas del Líder. ¿Fue realmente así?
            Vayamos de a poco.
         Por lo pronto digamos que haber pretendido encontrar a un Perón radicalmente distinto al del día anterior fue de una ingenuidad supina: nadie cambia de la noche a la mañana. De modo que el Perón de 1973 es el mismo que hasta el año anterior clamaba por la revolución socialista y promovía la guerra de guerrillas como metodología para la toma del poder. Es también el mismo que designa al izquierdista Héctor Cámpora para encabezar la fórmula electoral que lo llevaría al poder.

viernes, 4 de mayo de 2018


PERÓN SALVA A INGLATERRA DE LA BANCARROTA (A COSTA DE LA ECONOMÍA NACIONAL)

Por Cristián Rodrigo Iturralde


Mi corazón siempre ha estado con Inglaterra, y en mi trayectoria lo he demostrado muchas veces.
Miguel Miranda

Los ingleses siempre estarán presentes en el corazón de los argentinos (…) Somos tan amigos de Gran Bretaña como siempre.
Juan Domingo Perón


          Lo que sigue es tan solo un adelanto de una de las cuestiones que abordamos en un libro a editarse en el transcurso de los próximos meses, titulado ¨Breviario de la traición peronista (Perón y sus relaciones con la sinarquía internacional) ¨. Lo que allí probaremos es que no sólo el mandamás populista resultó en los hechos un férreo continuador de las carnales relaciones con Gran Bretaña de sus antecesores, sino que incluso prodigó a la pérfida Albión uno de los máximos servicios que recuerde su historia: salvarla de la extinción, aun en grave perjuicio de la propia economía de su salvador.
          Por razones de espacio, no abundaremos aquí en detalles o en cuestiones ampliamente estudiadas como la nacionalización de los ferrocarriles (de cuales los ingleses deseaban desprenderse desde comienzos de los años 30´), los decretos de 1944 o los acuerdos Miranda-Eady (1946) y el llamado Pacto de los Andes (1949). Todo esto se encuentra analizado en la publicación que anunciamos ut supra . Para estudiar el derrotero peronista habrá que estar atento a distinguir forzosamente la retórica de lo fáctico: bien sabemos que la especialidad de Perón residía en combinar ¨antiimperialismos verbales con entregas de hecho¨, como espetara Arturo Frondizi en su momento. Aunque en este caso, curiosamente, el líder justicialista no se verá contradicho por sus propias palabras. 

¨Los ingleses¨, según el presidente del Banco Central y ministro de economía peronista, Miguel Miranda:

Tengo la satisfacción de poder anunciar que me ha sido fácilmente posible entenderme con estos caballeros. El plan de nacionalizar los ferrocarriles, respetando y teniendo siempre presente lo que ha hecho el capital británico en nuestro país y reconociendo al capital los derechos que le pertenecen (…)  Hemos llegado a unos acuerdos que ponen termino a las negociaciones entabladas con la misión que Su Majestad británica ha tenido a bien enviarnos como prueba de especial amistad y consideración, para que discutiésemos en nuestra propia casa y bajo nuestro pabellón, los puntos básicos que en lo sucesivo regularan las relaciones comerciales y financieras entre el Reino Unido y la Republica Argentina. En estos acuerdos están las bases que sostendrán íntegramente la recuperaron de nuestra economía (…) Mi corazón siempre ha estado con Inglaterra, y en mi trayectoria lo he demostrado muchas veces  (…). 

¨Los ingleses¨, según Juan Domingo Perón: 

Somos tan amigos de Gran Bretaña como siempre (…) De esta negociación en general surgen dos grandes satisfacciones: que hemos llegado a un acuerdo y que hemos comprobado que somos tan amigos de Gran Bretaña como siempre (…)
Los ingleses siempre estarán presentes en el corazón de los argentinos (…) Las características de la formación del país a partir de su independencia hicieron preciso que capitales extranjeros impulsasen su desarrollo y el progreso de nuestro pueblo y de sus actividades industriales. En este aspecto representaría ingratitud de nuestra parte no reconocer cuanto hicieron otras naciones en el sentido expuesto, y de un modo muy señalado la Gran Bretaña, cuyo espíritu emprendedor tantos beneficios ha reportado a la civilización. Vaya pues, a ella en este acto la expresión de nuestro reconocimiento, porque al arriesgar su dinero de manera extraordinario (ayudó) a que nuestra país sea lo que (es) hoy.

          Inauditos elogios a Gran Bretaña prodigados por Perón y su ministro predilecto (Miguel Miranda); encomios que ni el más leal de los agentes ingleses locales hubiera pronunciado sin ruborizarse. Las falsedades y desvaríos vertidos por Perón en aquel discurso no son menores, como podrá deducir por si mismo el lector y tibiamente han reconocido algunos intelectuales peronistas.

jueves, 15 de marzo de 2018

BREVE REFUTACIÓN A LA TÉSIS SEGÚN LA CUAL HISPANOAMÉRICA ESTARÍA MEJOR SI HUBIERA SIDO INGLESA O FRANCESA





Por Cristián Rodrigo Iturralde

          El trote que me encuentro haciendo por el mundo me ha brindado entre otras cosas la oportunidad de  confirmar ciertos hechos e ideas que ya venía pergeñando hace largo tiempo. Si bien la naturaleza de mi viaje no me permite ahondar lo que quisiera en el asunto (tampoco cuento con recursos bibliográficos y el tiempo apremia aquí) quisiera compartir con ustedes mis impresiones al respecto de lo anunciado en el epígrafe de esta nota; basado en algunas experiencias vivenciales y lo que uno puede percibir por aquí. 
          Una tesis que ha circulado mucho y que aun persiste en ciertos círculos (particularmente dentro de sectores que podríamos calificar de “derecha") sostiene que los países americanos serían mucho más prósperos si hubieran sido colonizados por los sajones (hay quienes añaden a los galos). Esta tesis ha prendido cual garrapata en el inconsciente de la población general y ha generado en casi todos un notorio complejo de inferioridad. Pues España habría sido en aquel entonces un imperio de andrajosos e ignorantes y, por el contrario, Inglaterra uno próspero e ilustrado. Y la mejor prueba de la veracidad de tal aserción sería el caso de los Estados Unidos de América; la superpotencia mundial por antonomasia. 
          Vayamos primero a lo sabido y probado, es decir, a los hechos objetivos (deliberadamente ignorados u omitidos), que ya muchos de ustedes conocen. Muy lejos de aquello, España era en aquellos tiempos la nación mas ilustrada y poderosa del planeta (no en vano se considera al Siglo de Oro español como el Siglo de oro europeo; y este duró casi dos siglos) con su pléyade de filósofos, juristas, literatos, poetas, arquitectos, universidades, escultores, su armada invencible y sus tercios, etc. Pero la verdadera grandeza española residía en su recta conciencia, en su capacidad autocrítica, en su visión trascendente y celestial de la vida: España conoce perfectamente su nobilísima misión desde el primerísimo momento (la propagación del cristianismo y de un Orden Justo en todo el orbe) y aboca todos los recursos en esta tarea. 

miércoles, 14 de marzo de 2018

A propósito de la situación de la mujer en el África mahometana y animista


A PROPÓSITO DE LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN EL ÁFRICA MAHOMETANA Y ANIMISTA


Por Cristián Rodrigo Iturralde

          Más que crónica, lo que sigue refiere a un cuadro lamentable, inmutable y omnipresente que he venido constatando en cada lugar que he visitado. Desde el bosque tropical a la estepa semiárida, pasando por la sabana, una misma imagen se replica por toda el África: la situación de esclavitud en que vive la mujer (aunque bien podría aplicarse el caso de marras a la India). 
          Era consciente desde el comienzo que no encontraría justamente aquí la panacea de la justicia y la equidad (en casi ningún campo), pues África, en su gran mayoría y pese a quien le pese, no ha dejado jamás de ser África (salvo honrosas excepciones y avances que debe agradecer al cristianismo). Que se entienda bien esta aserción: de ningún modo pretendemos ser irrespetuosos ni faltar a la caridad, sino calificar una realidad fácilmente contrastable. Y la mentada realidad que referimos en este caso concreto concierne a la paupérrima situación de la mujer en el continente (y aún de los niños). 
           Sin excepción, las mujeres, y en menor medida los niños, son quienes aquí hacen absolutamente todo. Desde los trabajos más arduos como el de las minas y el traslado de carretillas con decenas de kilos de carbón hasta los mercados, los trabajos agrícolas (recolección, cosecha y siembra, que luego transportan en grandes ollas sobre sus cabezas), la atención del ganado doméstico, el aprovisionamiento de agua para la familia (por el cual deben recorrer grandes distancias cargando bidones de 10 litros), la recogida de leña, etc., hasta, por supuesto, cocinar, lavar y cuidar de los hijos. Incluso, como en la India, he visto mujeres trabajando con picos y palas en la construcción de los caminos. …). Todas estas actividades las realiza la mujer a una temperatura de 40 a 44 grados (y muchas veces los propios hijos, menores de edad; he visto niños de 5 años cargando cosas en su cabeza) 

 (N. de Autor: habría que preguntarles a las feministas occidentales si estarían dispuestas a importar este tipo de “igualdades” entre sexos. Permítanme dudarlo…) .

sábado, 8 de julio de 2017


PERÓN, EL PRIMER SIONISTA


Por Cristián Rodrigo Iturralde

     Qué Perón favoreció al sionismo es ya inobjetable. Qué no encontraremos en la historia argentina un primer mandatario que haya apoyado con tanta vehemencia su causa y realizado tantas concesiones al colectivo hebreo argentino, es difícilmente cuestionable. Que las principales autoridades judías y sionistas, tanto locales como mundiales –tan poco prestas a realizar, oficialmente o no, reconocimientos positivos a funcionarios y políticos-, hayan sacralizado a Perón respalda estas conclusiones.
Los casi nulos porcentajes de -lo que usualmente se da en llamar- ¨antisemitismo¨ registrados durante la regencia peronista ofrecen una buena muestra del especial cuidado con que Perón acogió a ese colectivo y, por extensión, al sionismo. 
     Si Perón fue o no conscientemente un agente del sionismo, no podemos saberlo. Pero fuera de toda duda se comportó como tal. Sólo con el sionismo y los hebreos conservó una relación perdurable y amistosa hasta el día de su muerte. Amistad que se tradujo en mucho más que gestos esporádicos y simbólicos, como hemos ya referido largamente: su incondicional y concreto apoyo político, económico y moral hacia Israel fue muy claro. 
     En la ONU, por ejemplo, a través del canciller Atilio Bramuglia y de su representante ante el organismo internacional, Enrique Corominas, Perón no solo colabora para la creación del estado de Israel, sino que influye en varias otras delegaciones nacionales para que se apoye (mediante abstenciones o votos positivos) la partición de Palestina. Israel Jabbaz, diplomático judío-argentino que formó parte de aquella delegación argentina, reconoce sin tapujos lo siguiente: ¨Corominas ponía a altas figuras de la Agencia Judía y en especial al doctor Moisés Tov al tanto de las conversaciones privadas que mantenía con otros delegados, y en las sesiones secretas a las cuales asistían los delegados de la Liga Árabe, pero no los de la Agencia Judía, y le aconsejaba qué camino más corto convenía tomar, a qué delegado convenía influir y presionar, y a qué Cancillería Latinoamericana necesitaban contrarrestar la influencia cada vez más creciente de los Árabes que en conjunto sumaban once Estados¨. El resto es historia conocida: en 1948 Argentina apoyó el pedido israelí para ingresar en la ONU, y luego, nuevamente, en mayo de 1949. En febrero de 1949 se había reconocido de iure al Estado de Israel. Poco tiempo después Argentina abriría su legación en Tel Aviv; la primera representación diplomática latinoamericana. Tiempo después elevó tal legación al rango de embajada. Cabe destacar que el apoyo del peronismo hacia las pretensiones sionistas fue siempre y en todo momento muy claro. En 1946 John William Cooke –junto a otros diputados peronistas como Díaz de Vivar, Bustos Fierros y Eduardo L. Rumbo– hizo llegar a Perón una minuta donde pedía apoyar a Israel: ¨Anhelo de que el representante argentino ante la ONU sostenga la demanda histórica de los judíos de obtener su Hogar Nacional¨.